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"SEÑORAS…" O CUANDO LO COTIDIANO NOS ARRASTRA A DOCUMENTAR NUESTRA MEMORIA.

Por: Juan José Campos Loredo
Fotos: Carolina Jayme Foyo


"El teatro es una especie de caja de resonancia. 
Nada de lo humano le es ajeno”
José Sanchis Sinisterra





¿Cómo lo cotidiano de tres mujeres “cotidianas”? Esa cotidianidad de miles reflejada en el espacio de tres. Tres mujeres: amas de casa, oficiantes, profesionistas; mujeres esposas, madres, hijas, compañeras de vida de unos, de otras, de ellas mismas, para volverse en sus vivencias de matriz, un espejo de cada ser humano que, en ellas, se reflejan de manera directa, sin cortapisas, sin entretelones, tal cual, como son y como deben ser: sin ambages, sin personajes, personas para percibirnos como personas todos.

“SEÑORAS, una obra con mi mama y sus amigas”, de Sayuri Navarro con trabajo dramaturgista de Darío Álvarez, es una puesta en escena a manera de documental, que se presentó en el Teatro Polivalente del Centro de las Artes de San Luis Potosí los últimos días de junio de 2019, como resultado de la beca FONCA en coinversiones, primera que obtiene la joven directora con una destacada ya trayectoria de siete años en creación con la agrupación potosina Monos Teatro.





La conexión es directa, inmediata: tres mujeres, Mary, Irma y Josefina, se nos presentan en la escena y enseguida lo obvio: no tenemos a actrices de “experiencia” en la escena teatral (lo que sea que se entienda por eso), pero si tenemos a tres mujeres valientes en toda la extensión que este último término implica. Valientes de pararse en un escenario para hablarnos de ellas mismas, de esa EXPERIENCIA que vale y vale bien y mucho: las suyas, esas que se empatan en el acompañamiento de sus días, las vivencias que a pesar de la aparente separación temporal (entre una y otra hay un promedio de 10 años de diferencia), en la hermandad del ser mujer en un país que las abandona y las deja en sus historias sin darles voz.



Por ello la gran relevancia de esta propuesta: la voz de la escena para los sin voz, para los muchos olvidados, pero siempre presentes dentro de nuestro universo cotidiano. Y ellas, las mujeres, las más silenciadas que nunca. Aquí sus voces se amplían, sus modos y formas de lenguaje son identificables para muchos de nosotros: ya la abuela, ya la tía, la madre, la hermana, las muchas mujeres que reconozco (reconocemos), en mi entorno y que no dejan lugar a dudas de lo que mucho nos significan para bien y para mal.





Sayuri Navarro propone desde la indagación en vivo de las “interpretes”. Las cuestiona, les pregunta, les recrea con su propia voz a micrófono abierto y ellas, se dejan llevar en la franca espontaneidad de sus respuestas; ya sobre los hijos, sobre sus orígenes, sobre su presente, el futuro que nunca deja de pensarse, pero que se abre con infinitas posibilidades. Accionistas de sus propias vivencias, ejecutan éstas abriendo su memoria y en ocasiones, abriendo las heridas que la vida misma les deja y que nos brindan con suma generosidad. 





“SEÑORAS, una obra con mi mamá y sus amigas”, la voz de tres, que son la voz de una, la voz de muchas, de muchos, porque en el fondo, todos vivimos en la cotidianidad que nos envuelve, nos lleva, nos pierde…y nos hace ganar mucho, para deleitarnos de nuestras propias victorias conquistadas, para invitarnos a ser valientes. Valientes ellas, valientes nosotros mismos.



Un proyecto escénico entrañable cocinado por 18 meses que, sin duda, es el ejercicio más poderoso e interesante del teatro potosino en lo que va de este 2019 y uno de los más relevantes de nuestra escena sanluisina. Imperdible cada vez que pueda volver a presentarse.

Proyecto ¿Dónde estarán nuestros tiempos? *
Dirección: Sayuri Navarro
Dramaturgista: Darío Álvarez
Compañía: Monos Teatro
Señoras: Mary Leyva, Irma Téllez y Josefina Rivera.
Iluminación: Laura Martínez
Fotografía y vídeo: Joaquín O. Loustaunau y Pablo Melgoza Navarro
Diseño visual: Caín Coronado.
Diseño sonoro: Sayuri Navarro.
Con textos de Mary Leyva, Josefina Rivera, Irma Téllez, Sayuri Navarro, María Auxiliadora Álvarez, Jenny Londoño y Julia de Burgos.

*Proyecto apoyado por Fondo Nacional para la Cultura y las Artes 2018


Gracias por visitar: www.facebook.com/lumenflujocultural


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"TIJUANA"... O "EL SALARIO DEL MIEDO" POR TODOS TAN TEMIDO.


Por @juanjosecamposL

'Hay familias mexicanas
que con ingresos de seis mil pesos al mes
 tienen crédito para una vivienda,
tienen crédito para un coche,
se dan tiempo de mandar a sus hijos a una escuela privada
y están pagando las colegiaturas.”

ERNESTO CORDERO ARROYO
Secretario de Hacienda
en el sexenio de
Felipe Calderón Hinojosa (2006- 2012).
Vanguardia, 21 Feb 2011



Dentro del proyecto “LA DEMOCRACIA EN MÉXICO 1966- 2015” de la Compañía mexicana, Lagartijas Tiradas al Sol, se presentó en el último día del 14º. Festival de Monólogos “Teatro a una sola voz” en el Teatro Polivalente del Centro de las Artes de San Luis Potosí, el ejercicio escénico “TIJUANA”, basado en textos e ideas de Andrés Solano, Arnoldo Galves Suarez, Martin Caparrós y Gunter Walraff, escrito y dirigido por el también actor, Gabino Rodríguez. 



Tijuana es el resultado de la estancia este creador en la frontera mexicana durante 5 meses (de seis, anticipada culminación del proceso debido a, entre ellos un hecho terrible), donde adoptó un falso perfil con el nombre de Santiago Ramírez, instalándose en una de las zonas más abandonadas por las políticas sociales del sistema político mexicano, logrando encontrar alojo, rentando un espacio con una familia integrada por un padre, una madre, una hija de 20 y un primogénito del cual “nunca se menciona nada en esa casa”. Una vez ahí instalado, procedería a colocarse en una maquiladora como obrero en jornadas laborales de hasta más de 10 horas, recibiendo por tal esfuerzo, no más de 70.10 pesos, es decir, lo correspondiente al denominado salario mínimo… Y aquí comienza la cuestión que interesa. Y mucho. Y perdón la extensión de este comentario. El trabajo lo vale.

Gabino Rodríguez, es uno de los jóvenes creadores más sobresalientes de la denominada (y muy sobada y gastada en algunos casos), "Escena expandida” en México, al lado de Luisa Pardo y Francisco Barreiro, integrantes de este colectivo, Lagartijas Tiradas al Sol, según los enlista entre otros conjuntos latinoamericanos, José A. Sánchez, teórico español, en la introducción de “Teatro Postdramático” del alemán, Hans Thies Lehmann en su versión en español editada poco menos de un lustro en México. Aquí, el creador duranguense parte de una inquietud para proponer esta experiencia: ¿Cómo se vive (o sobrevive, más bien) con lo que todos conocemos como “Salario mínimo”?.

Ubiquemos. Recordemos que dicha compensación es resultado del esfuerzo laboral de cada ciudadano, pero cuya homogeneidad económica es impuesta por el orden socio- económico mundial del cual nuestro país no es ajeno. Este, surge de lo que estipulan los acuerdos políticos y empresariales surgidos de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (cuya presidencia es nombrada por el Presidente de la República, valga decir.), “justificados” en la Ley Federal del Trabajo CAPITULO VI: Salario mínimo, Artículo 90, que a la letra dicta: “Salario mínimo es la CANTIDAD MENOR que debe recibir en efectivo el trabajador por los servicios prestados en una jornada de trabajo.”, el cual “DEBERÁ SER SUFICIENTE PARA SATISFACER LAS NECESIDADES NORMALES DE UN JEFE DE FAMILIA EN EL ORDEN MATERIAL, SOCIAL Y CULTURAL, Y PARA PROVEER A LA EDUCACIÓN OBLIGATORIA DE LOS HIJOS.” (¿?).

Evidentemente estamos ante una clara diferencia entre lo que marca la ley y la realidad de muchos mexicanos dejados a la mezquindad e intereses de oligarcas y empresarios sin escrúpulos.

En México, el mínimo es el ya mencionado: $70.10 pesos por jornada laboral (variando este, de acuerdo a la zona geográfica de cada estado). Santiago, el “protagonista”, hace sus cuentas: hombre soltero, preocupado solo por la renta que hay que pagar, los gastos de transporte- camión urbano- y la mínima comida, se da cuenta que al final del día solo le restan $20.00 para cualquier intento de poder adquirir alguna otra cosa con su sobrante, ya sea vestido calzado, o bien, otras inquietudes y para qué decirlo, en absoluto, la posibilidad de disfrutar alguna diversión más allá de gastar un par de cervezas a la semana en la cantina de paso de cada día.

Aquí la realidad llega como es. Sin tibieza. Cruda. Como el país mismo. Gabino Rodríguez comienza su “narraturgia”, la explicación de su “experimento social”, utilizando para ello, un dispositivo demarcado con una enorme pintura de Pedro Pizarro, que muestra un plano de distribución territorial. Hay una pantalla a la altura de su cintura, un recuadro a piso conformado de ladrillos, mismos que formarán en el lapso de la obra, una “instalación” que nos remite a los asentamientos irregulares de las “secciones A, B y C” de Tijuana a donde ha llegado, varios botellas, muchas, y una silla que le permite ser un espectador de su propia historia. Al fondo, una planta, ahí, quizá síntesis simbólica de esta historia de la democracia mexicana vertida en algunos de sus ya memorables trabajos como “El rumor del incendio o “Derretiré con un cerillo la nieve de un volcán”, memorables en su momento, por igual. Y En este ejercicio, como en los anteriores, ya la crónica y las herramientas del documental dictan la estética de TIJUANA. Una apuesta donde el juego se muestra en distintas capas.

Por un lado está quien narra, Gabino- el actor- quien nos describe detalle a detalle, la experiencia que registró día a día en apuntes a mano en su cuadernillo que vemos, que nos dicta espacio temporal de cada suceso, mismo que se comprueba en las evidencias que también vemos en las proyecciones de los lugares que aborda, y en otro momento, él mismo, en fragmento testimonial, donde nos describe el proceso, la justificación, la metodología e inquietudes para llevar a cabo este trabajo creativo. Y detengo para un apunte aparentemente irrelevante, pero sin dudar, de que “todo lo que se ve en escena, debe tener sentido”, dicta una vieja regla de dirección escénica:  un probable juego y guiño quizá, una sana y acida crítica al medio y a la génesis del ejercicio vivencial habría que pensar: en el video, es este un Gabino ataviado y en pose, quien incluso en un momento de la grabación, se permite ser interrumpido para recibir un café express y en ello, darse su pausa para retomar, en una simpática y  curiosa pausa dramática, cuya acción no deja de remitir a la esencia  de ese actor “pequeño burgués” tan dado en México, donde en el trabajo, los creadores muchas veces solemos ponernos en el papel de visibilizadores autorizados de las verdades de los oprimidos (entiéndase lo que se quiera con esto), cuya postura no suele ir mas allá de un texto, una representación para ese público "selecto"- solo mayoritariamente teatreros, por ejemplo- únicos receptores de estos productos “contestatarios” en cuya pose parecen desvirtuarse los procesos de indagación e investigación de la escena, tomando estos a la ligera donde surge cada aberración pretenciosa, en nombre de lo expandido (al menos en lo programado en este festival, hubo un par). 

Volvamos a la obra y abordemos a “Santiago”, la otra identidad que “vive” lo narrado, quien experimenta y es sometido en la piel de Gabino. La representación en la representación. La ficción sobre la realidad, o esa realidad que sobrepasa la ficción que se transmuta más allá de lo proyectado, empalmadas, cogidas una de la otra; el documental de la piel, diríamos, desde la conciencia del actor que poco puede hacer, ante las propias reglas que se autoimpuesto: la inacabable rutina de la maquila; las dinámicas de la familia que se habita; las discusiones de la comunidad que busca autoregularse ante una situación social y de justicia inexistente que el gobierno no le atiende; los escarceos medianamente “amorosos” de “la hija de 20”;  la ciudad que se pierde entre los deslaves; el país que se pierde ante los escombros y que se registra en la imagen de un celular cuyas expresiones auditivas, solo muestran el morbo, mismo que suele quedar en la inacción de una sociedad que solo observa y poco hace. “Los mexicanos son unos huevones; por eso este país no progresa”, le dice el único compañero con el que tuvo conversación Santiago en su estadía en la maquiladora. Y Gabino se cuestiona tal afirmación, viniendo de alguien cuya madre de 74 años, aún trabaja para mantener su sustento cotidiano, una más de los 50 millones de mexicanos que sobrevivan con el tan mentado salario mínimo.

Una tercera capa: el trabajo actoral de Gabino Rodríguez: una, la técnica un tanto impostada, “en personaje”, no la simpleza de ser “él mismo”, sino el actor que se actúa a sí mismo, que adopta voz y forma, tono y emocionalidad para conectarnos con ese otro que es Santiago al mismo tiempo. Santiago poco habla. No lo escuchamos. Su testimonio es en las poses y formas de Gabino emulando a Santiago. Ahí la efectividad de lo que representa. La credibilidad del supuesto desdoblamiento. Esa sutileza que permea dosificadamente la fascinación.

Y una última capa más: la impecable labor de producción cuya sencillez resulta muy poderosa. Desde el discreto diseño de iluminación de Sergio López Vigueras, que permea las tres secciones en horizontal del escenario, y que como las secciones territoriales donde habita el protagonista, poco a poco se van diluyendo hasta perder a Santiago en la nada de la inmovilidad del accionista- expectante en que al final se vuelto, hasta el enorme trabajo de pietaje del material audiovisual recabado por el Gabino- Santiago con una cámara oculta bajo la manga del brazo (editadas por Chantal Peñalosa y Carlos Gamboa). El diseño de audio (de Juan Leduc), recopilado igualmente por el actor, con una minúscula grabadora, ambos materiales en un trabajo de producción impecable. Ojo, recursos parecidos y sumamente utilizados en los montajes  posdramaticos y expandidos” de hoy día, pero aquí, SI SON. No son copia ni recurso injustificado. Aquí la firmeza y contundencia del discurso, de la experiencia, le dan la total validez y los disponen a adquirir el sentido y carácter que deben realmente tener. Y eso se agradece.

Tijuana es una experiencia que trasciende. Que marca la escena y la experimentación en muchos sentidos. Sintesis de realidad desde la vivencia misma, que pone al sujeto- actor- personaje en una sola linea de convivencia, sin artilugios, con honestidad... y sin gastos onerosos en su puesta en escena, que resultan congruentes con la premisa: no puedes invertir, ni gastar los recursos que un país no vive, que la mayoría de los ciudadanos no tienen acceso, si ganas el salario mínimo, ASÍ SEA UNA BECA DEL ESTADO. Invertirla en procesos vivos, en necesidades que nos confronten para entender el país en ruinas que ha sido este y su lamentable sentido de democracia que tanto nos daña, que tanto nos jode, herencia de un PRI, que en apariencia, se hunde en los deslavados confines escombrados de la historia mexicana. Así debería ser la exigencia de la creación. No hablo de las formas, que esas son validad y no deben ser invadidas por nadie. Hablo de los procesos humanos, compartidos, sociales, quizá desde la construcción de un diálogo para con uno mismo en el afán de entender, de entenderse, entendernos. Y en una de esas, viene el diálogo con los otros. La narraturgia, lo unipersonal de los tiempos así lo apunta. El dialogo desgastado debe reconstruirse desde la experiencia y reconfiguración personal e histórica. Asi parece sugerirlo  esta “Tijuana”.

El PRI se fue. Y que con el se vayan están realidades. Hagamos todo porque no regresen Es complicado. Pero en busca de nuevas realidades, una premisa sería que el nuevo gobierno brinde a cada mexicano, no el sueldo mínimo, sino un sueldo suficiente. Se puede. Mera cuestión de insistencia ciudadana y de una obligada voluntad política.


GABINO RODRÍGUEZ
Durango 1983.
Actor y director. Maestro en teatro por la Universidad de Amsterdam. Empezó actuando en el cine, en donde a la fecha ha participado en más de 30 largometrajes con directores como Nicolás Pereda, Raya Martin, Paul Leduc y Cary Fukunaga entre otros. En 2003 fundó con Luisa Pardo el colectivo Lagartijas tiradas al sol, con el que han desarrollado proyectos escénicos y publicaciones. Han participado en el Festwochen de Viena, El festival de otoño de París, El Kunstenfestivaldesarts en Bruselas, Escena Contemporanea en Madrid, Transameriques de Montreal, Theater Spektakell de Zurich. En el teatro, como actor, ha colaborado con Jesusa Rodríguez, Daniel Veronese, Martín Acosta y Alberto Villarreal.
En 2007 y en 2017 fue nominado al Ariel por su actuación en “La niña en la piedra” y por “La cuarta compañía”. En 2008 participó en el Talent campus, del Festival de cine de Berlín y ese mismo año fue candidato para “The Rolex Mentor and protégé arts initiative” por su trabajo en el teatro. En 2009 se hizo acreedor al prix Janine Bazin del festival de Belfort y a la mejor actuación del Festival de Gramado, por su actuación en Perpetumm Mobile. En 2011 el Festival de cine Tolousse dedicó una sección a su trabajo y ese mismo año lo hizo el Festival París Cinema. En 2012 el Festival Filmar en América Latina en Ginebra, Suiza le dedicó una retrospectiva al igual que en 2014 el Festival de cine de Cali, Colombia dirigido por Luis Ospina.
Junto con Juan Leduc y Andrés García  en 2014 comenzó el proyecto editorialcascajo.org






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DE "LAS ESTRELLAS EN EL CASTILLO"… AL NECESARIO TEATRO PARA NIÑOS SOBRE SITUACIÓN DE CÁRCEL, EN LA ESCENA MEXICANA.



Por Juan  José Campos Loredo.
"El alma, prisión del cuerpo."
Michel Foucault


Claudia Recinos lo sabe muy bien: hablar de personas en situación de cárcel es una deuda de la escena teatral con una realidad mexicana que muchas veces se ignora. Con una vivencia personal nada ajena a esta situación, la actriz, directora y productora tapatía, enfrenta con su proyecto escénico “Escena imprudente”, el abordaje siempre sincero de este tema, en la realización de la puesta en escena “Las estrellas en el castillo”, texto del dramaturgo Hasam Díaz Hierro con la actuación de Laura Araceli Gutiérrez Ibarra, quien da vida a la pequeña Úrsula, futura bailarina, con una muy agradable fluidez y empatía, en esta tercera obra -de siete-, presentada dentro del 14º. Festival Monólogos “Teatro a una sola voz” 2018, que se desplaza por diversos estados de la república mexicana y la cual realizó su parada en el Teatro Polivalente del Centro de las Artes de San Luis Potosí, festival que culminará el próximo viernes 27 de julio.


Úrsula, una pequeña niña que disfruta la cotidianidad con su padre de manera más que idílica, este, un hombre que gusta de envolverla en cuentos y actividades que fortalecen la unión con un cariño que se antoja, y que además de ella, nos hace partícipes de la convivencia con la presencia de la hiperactiva “Abu”, la abuelita y el hermano mayor, adolescente cuyas actividades de naciente “skater” y afecto videogame, enmarcan esta familia, donde se entiende (aunque no se explica) la ausencia de la madre, dejándonos ver el patrón donde el padre es el sostén en todos los sentidos de este modelo familiar.

Una “mala decisión” del padre- según él le confiesa a la pequeña niña vía una carta-, termina llevándolo a la cárcel -a un “viaje complejo”-, situación que trastocará totalmente a los integrantes de su familia y donde Úrsula tendrá que entender que una situación de tal magnitud, implica entender y reorganizar no solo la vida en común con el resto de los integrantes, sino más aún, la adaptación emocional (y “readaptación” social), de quien se ama y que ya no se cuenta con su cercanía como antes había sido. Y en ello, perdonar lo in-entendible para alguien a su corta edad.


Un montaje donde se agradece la pulcra dirección actoral, que bien sabe conducir Claudia Recinos sobre la talentosa Laura Araceli Gutiérrez Ibarra, misma que destaca recreando eficazmente a cada uno de los personajes que acompañan a la pequeña Úrsula, donde ella manipula por igual distintos juguetes y objetos que dan vida de manera entrañable a las distintas situaciones, así como un más que destacable trabajo de animación y multimedia asesorado por Meztli Robles y realizado por Sergio Núñez respectivamente, sobre un espacio escénico diseñado por Caín Coronado, quienes junto al diseño sonoro de Luciano Sánchez, logran embonar los ambientes y texturas para llevar de manera más que sutil, las emociones y vivencias que Úrsula va confrontando, frente a su dilema de reencontrar esas experiencias que con su padre en la cárcel, habrá que resignificar.

Una (a)puesta sencilla en apariencia, donde un relato simple se magnifica, da lugar a la reflexión profunda de lo que se tiene que enfrentar una familia con integrantes de esta, en situación de cárcel, en un país donde, ahora más que nunca, la posibilidad de tomar “una mala decisión”, ya debido a la precariedad que cada vez más nos orillan las distintas políticas de abandono social o bien, la despreciable inseguridad del  día a día, nos permite acercarnos y mirar de manera sensible este tema urgente de focalizar sin prejuicios, sin morbo que criminaliza (y revictimiza, reculpabiliza y discrimina sobre todo), ya, a quien está en ella, como a quienes le rodean. Y que sea dirigido a la comunidad más vulnerada como son los hijos, los niños, lo hace mucho más valioso e imperante de tomar en cuenta. En conclusión, una obra que debe verse y reflexionarse en familia no solo por su valor estético sino también, por su alto valor de compromiso social por hacer visible a un sector como lo son las personas en situación de cárcel y la de sus familias que les acompañan en este complicado “viaje”.


CLAUDIA RECINOS/ Escena Imprudente

Egresada de la Licenciatura en Artes Escénicas con orientación en Teatro de la Universidad de Guadalajara, titulada por excelencia académica. Ha colaborado y trabajado bajo la dirección de: Luis Manuel Aguilar “Mosco”, Marco Vieyra, Ángel Hernández, Noé Morales Muñoz, entre otros. Becaria del programa de Creadores Escénicos FONCA 2011, JALISCO A ESCENA en la categoría de Teatro Experimental 2014 y PECDA Jóvenes Creadores 2014. Ha participado en tres Muestras Nacionales de Teatro: El Matadero (creación colectiva) Inverso Teatro, 2009. Adiós Querido Cuco de Berta Hiriart, con A la Deriva Teatro, 2010. No Tocar de Enrique Olmos de Ita, con Escena Imprudente, 2012. Como fundadora de Escena Imprudente ha producido y actuado los proyectos: No tocar(2010), Invisible; documental escénico sobre la libertad(2012), Ser sus ojos (2015, Premio mejor producción MET Jalisco e invitada al Seminario de Teatralidades Expandidas 2016 Museo Reina Sofia en Madrid) y El secreto de papá(2016). Ha participado en diversos festivales de teatro para niños y jóvenes del país y ha sido cuentacuentos y tallerista del Museo Interactivo Trompo Mágico del Gobierno del Estado de Jalisco (2005-2008).Así como en el marco del 2do. Festival de Cine en Tapalpa 2014. 


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“INSTRUCCIONES PARA USAR MINIFALDA” O EL RADICALISMO FEMINISTOIDE DE OLMOS DE ITA.

Texto y fotos: @juanjosécampos

Marcela Carvajalino (Vera), Pablo Abitia (Neto) y Frida Astrid (Adelaida). "Intrucciones para usar minifalda" dirección y dramaturgia, Enrique Olmos de Ita, Neurodrama en La Carrilla, S.L.P.

Los días 13 y 14 de enero, se presentó la puesta en escena “Instrucciones para usar minifalda” del dramaturgo Enrique Olmos de Ita, en este muy interesante esfuerzo de la asociación Teatral La Carrilla de ser el espacio con propuestas alternativas tanto locales, como en esta ocasión, de proyectos de carácter nacional. Algo muy loable al ser el espacio independiente con 25 años de tradición en tierras potosinas y que amerita las instituciones sigan apoyando y sobre todo, como otros espacios, apoyando la gestión para que mantengan su vitalidad.
Sobre las “Instrucciones …” de Olmos de Ita, donde a cada instrucción, corresponde un breve acto con su debido prefacio y epilogo, la anécdota es sencilla: Neto (Pablo Abitia), un inspector del sistema de transporte colectivo “Metro”, gusta de coleccionar tornillos y buscar el mínimo resquicio para buscarles su sitio, donde puedan penetrar o embonar como bien les corresponde a su función primaria, objeto que sirve de símil para colocarlo como representación del pene y su función de mero penetrador, invasor, acosador que busca en el sentido también más primario de su instrumentación, el hueco por llenar, entiéndase, cualquier vagina que pueda penetrar, ya sea en la lógica de un acuerdo consensuado con quien desee ser penetrado o penetrada o bien, si no hay la más mínima oportunidad para ser correspondido, como es el caso de Neto, “forzar” para entrar en ese orificio de obsesiones, aquí, enfermizas diríamos, “haiga sido como haiga sido”, donde este sujeto verá su también afición voyeurista fortalecida por las distintas cámaras de seguridad de las cuales es el supervisor y consciente de ello, amo y señor de cuanto culo o teta pueda ser registrado desde la impunidad de su nimio puesto de poder.

En la trama, dos mujeres, una, Vera (Marcela Carbajalino), colombiana, obvio, guapa, quien siempre nos habla de su condición de madre y su lucha para salir adelante con su hijo, ambos en exilio forzado de su nación de origen y aquí, taquillera trabajadora en la estación del metro referido, quien “huyendo de la violencia de su país, ha caído en uno aún más violento, como lo es este, México”, nos dice ella misma. Por otro lado, una joven y muy bella (obvio de nueva cuenta), aspirante a actriz, Adelaida (Frida Astrid), que hará lo que sea por encontrar la ansiada oportunidad por aparecer en esos anuncios de marquesinas o bien, de camiones que transitan cada día por la populosa urbe. 

¿Qué las une? Aparte de sueños y anhelos incumplidos y su tremebunda realidad de fracasos cotidianos, también son liadas por el “pervertido” de los tornillos, ese funcionario trabajador del metro, el cual, las acosa de manera perversa (a la primera de manera más agresiva, llevándola al borde de la humillación y la desesperación) y a la segunda, mediante sus fijaciones valiéndose de su “labor de guardia” generando sus propios videohome “calientes” con transeúntes captadas por las cámaras de vigilancia, donde por supuesto, esta joven actriz, tiene un rol más que protagónico con cada abordaje cotidiano.

Un escenario con dos móviles que sostenían cada cual una pantalla que proyectaban tanto imágenes de lo que ocurría en el escenario, como algunas distorsionadas formas de la realidad o analogías de la misma, además de una tarima a manera de escalón en el centro del escenario, apoyando las acciones de estos tres intérpretes que llegaron a San Luis Potosí mediante el colectivo Neurodrama,  dirigidos y con dramaturgia original de Enrique Olmos de Ita,  en el arranque de su gira, producción del Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción Teatral Nacional, EFITEATRO en el año 2015 con apoyo de la empresa Inbursa.


Una idea que si bien no muestra originalidad, si permite pensar que algo puede ser diferente. Pero no. No pasa de ahí y pasa sin exigirse ni llegar al mínimo riesgo. Un texto que abusa de lugares comunes, que si bien, por ello, varios de los ejemplos ilustrados no dejan de ser una clara muestra de la problemática que en este se plantea- el acoso a las mujeres-, y la misma lucha que se da entre género, en este caso las dos mujeres en su disputa por la venta de un boleto, desde la justificación de sus presionadas realidades, de sus ínfimos espacios cotidianos, Olmos de Ita estructura una dramaturgia que cae en esa tan consabida formula que el mal comprendido feminismo ha abanderado: los hombres son (TODOS) los malos de la historia con respecto a su relación con la mujer y con ello, las mujeres (TODAS) son las víctimas de este mundo donde no es posible,  el mínimo respeto y en ello, la tan sobada igualdad o dicen otros, búsqueda de la equidad queda pobremente expuesta. Un "texto de denuncia" con sujetador para un solo lado.

Y ese es el detalle. Con actuaciones bastante endebles que medianamente logran volverse “creíbles” casi al cierre de la presentación, un trazo burdo e ilustrativo, canciones trozadas e interpretadas por el elenco sin chiste e intención preclara, y ese texto (¡mucho texto por demás redundante!) que trata de justificar en un discurso de sumo ilustrativo mediante la recopilación de ejemplos comunes que refleje su tesis de “defensa” sobre el acoso que sufre el género femenino, Neurodrama muestra una propuesta que uno pensaría es, por decir lo menos, peligrosa.

El seguir fortaleciendo discursos que fomentan la exclusión (los hombres -TODOS- somos unos acosadores y por ende  los hombres -TODOS- somos los “Malos” versus las mujeres -TODAS- son “pobres victimas” y por ende las las mujeres -TODAS- son las “buenas” de la película), dejando de lado la inclusión de las otras visiones que sobre el terrible problema del acoso, abuso y violencia contra mujeres existe, de aquellas personas, que, sin importar el sexo, apoyan para buscar erradicar este terrible problema. No se plantea en esta puesta, que de igual manera, existen en ambos géneros tanto hombres que agreden como aquellos que apoyan y al igual que mujeres que también agreden  a las propias mujeres y mujeres que apoyan a las mujeres. Bueno, reculo un poco sobre esto último: al final, la alianza y entendimiento entre estas dos mujeres, permite llegué el "castigo" sobre el pervertido. Pero vamos, ya me acusarán las feministas radicales de que mi argumento es parte del “micromachismo” patriarcal que minimiza  e intenta justificar, pero, perdón, en la apertura del tema, la cosa no debe pasar por simplismos ramplones. Se trata de buscar y generar un pensamiento y relaciones de apoyo en la equidad. Y ante esto, el teatro tiene un papel que en sus discursos debe ser menos maniqueo.

En momentos de extremismos y radicalismos, estos discursos feministoides se vuelven chocantes y fastidiosos. Y extraña que sean apoyados para una gira, no solo por su discurso que peca de simplista, sino por una puesta en escena carente de creatividad, donde si bien se apuesta a lo mínimo, ese mínimo es pobremente y en mala calidad aprovechado.

Un actor vestido de "sexi mujer" indagando sobre lo más vital de la humanidad mientras sufre el "acoso" de dos mujeres en sexi lenceria, una botella incrustada en el pene del actor, como quien incrusta ese pene (o ese tornillo) en una vagina (u orificio cualquiera) son relaciones que llegan al extremo de su obviedad, al cerrar la puesta agitando una botella con liquido gaseoso y abrirla de golpe sugiriendo una eyaculación que moja todo (y a todos), lo que haya alrededor.


Bien dicen que coger y eyacular, cualquiera puede, tiene la facultad y está en su más primario y elemental derecho, pero.... hacer el amor y compartir un orgasmo, es algo que cuesta un poquito más de trabajo, labor e imaginación. Y estas “Instrucciones para usar minifalda”, sin duda alguna, fue una simple y llana, mal cojida de pobre eyaculación. El gato por liebre que se siguen tragando algunos o el tornillo que nada más no encontró el ancho de su hueco en su débil fabricación.

Neurodrama AC Teatro
"Instrucciones para usar minifalda"
Dramaturgia y Dirección: Enrique Olmos De Ita
Elenco:
Personajes:
Adelaida: Frida Astrid
Vera: Marcela Carvajalino
Neto: Pablo Abitia
Asistencia de dirección y VJ: Carlos Cortés
Producción ejecutiva: Liliana Carpio
Asistente de producción: Gabriela Gómez
Diseño y realización de escenografía, vestuario e iluminación: Ricardo Salgado
Multimedia y diseño de imagen: Elsa Oviedo
Diseño sonoro y música original: Ana Isela Carpio
Co-asistencia de dirección: Maida Almanza
Entrenamiento: Luis Miguel Molina
Relaciones públicas y marketing: Frida Astrid
Dirección de escena y producción general: Enrique Olmos de Ita
Agradecimientos: Karime Gutiérrez Yanko Bribiesca (Prensa y medios) Capitán Gall
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SIGUE “PROCESO 4.99” A CARGO DE PROYECTO TEATRO ALIGHIERI EN EL FORO LA CARRILLA



Calificada como “Desgarradora”, “Un reflejo a escala de la vida de la sociedad”, “Tremenda y cautivante”, “Un grito ante un país en ruinas”, se estrenó el pasado día 1º. De mayo, “PROCESO 4.99”, de Proyecto Teatro Alighieri, bajo la dirección del creador escénico Juan José Campos Loredo y la muy sobresaliente participación del Testimoniante Escénico Diego Eduardo Zapata, en el foro La Carrilla de San Luis Potosí.


Esta puesta es una perspectiva a las vivencias de las personas en situación de cárcel y los modos del sistema de procuración de justicia en México, la cual se realizó con el apoyo y asesoría de la asociación civil RENACE, capítulo San Luis, que tiene por objetivo el brindar apoyo legal y poner en libertad a aquellas personas que han sido injustamente privados de su libertad.

En palabras del Lic. José Mario de la Garza Marroquín, Presidente de RENACE, “”PROCESO 4.99”, plantea retazos de vivencias de jóvenes que estuvieron presos solamente por ser pobres y no contar con dinero para poder defenderse adecuadamente. La historia desgarradora que nos conecta con nuestro México de injusticias cotidianas que todos toleramos y permitimos.” 

Un joven que confiesa ser Artista es encarcelado de manera arbitraria y violenta. Ante esa "confesión" los demás internos le "exigen" que en las noches cante. Como las únicas canciones que se sabe son las de José José, ya acostado en la plancha gélida de su celda canta a todo volumen El Triste. Sus demás compañeros de encierro le aplauden con euforia; el momento refleja la catarsis de la privación de la libertad. Los custodios se apresuran en callarlo por que altera "el orden de la prisión" mientras eso sucede Kafka se pasa leyendo en voz alta "EL PROCESO" por las celdas del surrealismo mexicano.

Bajo el esquema de Laboratorio “Materia en Crudo” propuesto por el director y dramaturgo potosino, Juan José Campos Loredo, también director artístico de Proyecto Teatro Alighieri, “se plantea indagar la escena; explorar modos de producción y construcción creativa desde lo transdisciplinario; la dramaturgia que surge y se escribe con y desde el sujeto que acciona. Lo social como abordaje para su proyección y retroalimentación con quien se comparte, desde la mirada de quien crea y de quien especta.”

“PROCESO 4.99” seguirá su temporada hasta el 24 de mayo, los días viernes y sábados a las 8 pm y domingos a las 7 pm, en la catedral del teatro alternativo potosino, el Foro La Carrilla, ubicados en av. Himno Nacional #4000 “A”, casi esq. Coronel Romero, a un costado del Aud. Miguel Barragán. El cupo es limitado y la coop. es de $50.00 general (no hay descuentos habituales) en un montaje para mayores de 18 años. Fotografías: Antonio Retana.

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